viernes, 22 de marzo de 2013

Las cigüeñas

No puedo evitar buscarlas. Las busco cada vez que salgo de paseo. Y es que me encantan las aves, en especial las cigüeñas. Me gusta verlas surcar el cielo con sus suaves alas blancas y negras, y su pico de color rojo llevando consigo ramitas para cuidar su nido. A veces me hago ilusiones pensando que ellas lo saben, y que, con su dulce crotoreo se comunican conmigo, como si pudiéramos enviarnos señales desde cualquier lugar del mundo. Sé que no tiene sentido pero por qué no imaginar lo imposible, me digo a mi misma. Como mi vida no la puedo concebir sin la compañía de los animales, desde hace tiempo estoy convencida de que puedo de algún modo leer sus pensamientos y que ellos intuyen que me esfuerzo por entenderles y por eso creo ver en ellos signos de agradecimiento, como un bebé al  que le reconforta saber que, pese a no poder hablar todavía, su llanto será entendido por sus padres. Por eso, siempre voy preparada para captar cualquier mensaje. Algo que me diga que se encuentran bien, como la típica conversación entre vecinos. Y una vez que ellas me contestan que todo marcha con normalidad, bajo mi mirada hacia la tierra y sigo caminando con la conciencia tranquila, como si necesitara una confirmación de que no he dejado de hacer algo por ellas que debía haber hecho. Y sé que es absurdo pero yo las sigo buscando, quizá porque las necesito, aunque ellas seguramente no sepan que existo y que cada día las busco.

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