No puedo evitar buscarlas. Las
busco cada vez que salgo de paseo. Y es que me encantan las aves, en especial las cigüeñas.
Me gusta verlas surcar el cielo con sus suaves alas blancas y negras, y su pico
de color rojo llevando consigo ramitas para cuidar su nido. A veces me hago
ilusiones pensando que ellas lo saben, y que, con su dulce crotoreo se
comunican conmigo, como si pudiéramos enviarnos señales desde cualquier lugar
del mundo. Sé que no tiene sentido pero por qué no imaginar lo imposible, me digo
a mi misma. Como mi vida no la puedo concebir sin la compañía de los animales,
desde hace tiempo estoy convencida de que puedo de algún modo leer sus
pensamientos y que ellos intuyen que me esfuerzo por entenderles y por eso creo
ver en ellos signos de agradecimiento, como un bebé al que le reconforta saber que, pese a no poder
hablar todavía, su llanto será entendido por sus padres. Por eso, siempre voy
preparada para captar cualquier mensaje. Algo que me diga que se encuentran
bien, como la típica conversación entre vecinos. Y una vez que ellas me
contestan que todo marcha con normalidad, bajo mi mirada hacia la tierra y sigo
caminando con la conciencia tranquila, como si necesitara una confirmación de
que no he dejado de hacer algo por ellas que debía haber hecho. Y sé que es
absurdo pero yo las sigo buscando, quizá porque las necesito, aunque ellas
seguramente no sepan que existo y que cada día las busco.
viernes, 22 de marzo de 2013
Las cigüeñas
No puedo evitar buscarlas. Las
busco cada vez que salgo de paseo. Y es que me encantan las aves, en especial las cigüeñas.
Me gusta verlas surcar el cielo con sus suaves alas blancas y negras, y su pico
de color rojo llevando consigo ramitas para cuidar su nido. A veces me hago
ilusiones pensando que ellas lo saben, y que, con su dulce crotoreo se
comunican conmigo, como si pudiéramos enviarnos señales desde cualquier lugar
del mundo. Sé que no tiene sentido pero por qué no imaginar lo imposible, me digo
a mi misma. Como mi vida no la puedo concebir sin la compañía de los animales,
desde hace tiempo estoy convencida de que puedo de algún modo leer sus
pensamientos y que ellos intuyen que me esfuerzo por entenderles y por eso creo
ver en ellos signos de agradecimiento, como un bebé al que le reconforta saber que, pese a no poder
hablar todavía, su llanto será entendido por sus padres. Por eso, siempre voy
preparada para captar cualquier mensaje. Algo que me diga que se encuentran
bien, como la típica conversación entre vecinos. Y una vez que ellas me
contestan que todo marcha con normalidad, bajo mi mirada hacia la tierra y sigo
caminando con la conciencia tranquila, como si necesitara una confirmación de
que no he dejado de hacer algo por ellas que debía haber hecho. Y sé que es
absurdo pero yo las sigo buscando, quizá porque las necesito, aunque ellas
seguramente no sepan que existo y que cada día las busco.
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