Se habla mucho de que tener un niño es precioso. Sin duda alguna los bebés despiertan ternura. A todos nos gusta la placidez de un bebé cuando está dormidito, sus piernas regordetas, su olor, su ropita. Desde que nace se convierte en el centro de atención, a modo de "imán" que atrae a todo familiar, todos quieren "disfrutar" de él, lo cual consiste, entre otras cosas, en poder tenerlo en brazos, besarlo, achucharlo, hacerse fotos con el bebé, y ver cómo se le cambia el pañalito, y a ser posible hacerlo a diario, a riesgo de no quedar satisfecha esa urgente necesidad. Sin embargo, no es tan dulce el otro punto de vista: el de la mujer que, después del parto, o sufre depresión, o soporta niveles altos de estrés acompañados de baja autoestima, no siendo extraño que se irrite con facilidad. Ocurre cuando Julita dice la típica y odiada frase: “No es por nada, Pepita, pero tu hijo no se parece en nada, en nada, a ti, vamos, que tú no sé qué habrás puesto.” Y, ante la mirada de Pepita, que debe de ser bastante elocuente, Julita añade: “Pero no te enfades, mujer, sólo te estoy diciendo la verdad. De todos modos, los niños cambian mucho, nunca se sabe, pero por ahora…”. La madre, que no está ni física ni psicológicamente fuerte en ese momento, lamentará, transcurridos unos meses, no haber sido capaz de contestarle debidamente. La mirada habría sido distinta si Julita le hubiera dicho: “Es precioso tu niño. Felicidades”.
A una madre le molestan también los consejos que no aportan nada nuevo y que son reiterados hasta la saciedad. Por ejemplo, si el bebé llora mucho (cosa normal en un recién nacido, dicho sea de paso): “¿No has probado a llevarlo a una habitación más fresquita? a lo mejor tiene calor”, “¿por qué no le cantas unas nanas?” “¿y si lo meces un rato?”…a no ser que se trate de un consejo realmente sabio, no subestimen la capacidad de una madre para cuidar de su hijo, y menos aún, sus aptitudes mentales.
A una madre no le gusta que le llamen por teléfono para convencerla de que le dé un biberón a su bebé, que nació hace siete días porque todavía “no se agarra al pecho, es que es muy chiquitito el pobre y se duerme, lo tienes que despertar cuando se quede dormido al pecho, y si ves que en un par de días no se agarra y pierde peso, dale un bibi y ya verás qué bien”. Por favor, no agobien a la mamá, ella está teniendo paciencia y le está dando el tiempo que su bebé necesita para adaptarse a este mundo, fuera del vientre materno. Y lo mismo al contrario, si la madre ha optado por la lactancia artificial, por ejemplo, por haber nacido el bebé por cesárea, no martiricen más a la mujer que le está dando biberón a su hijo, seguro que ya lo está pasando bastante mal como para añadir frases del tipo: “Pobre, nació por cesárea, y la madre no le ha llegado a dar el pecho, se va a quedar sin las defensas de la leche materna…”.
Que el bebé vaya dormidito por la calle y cualquier persona le quite el chupete para verle “la boquita” es algo muy típico. Por supuesto, es muy probable que el bebé se despierte en ese momento y empiece a llorar. También es muy probable que el bebé se hubiera quedado dormido justo cinco minutos antes y que la madre lo hubiera sacado de paseo precisamente con la intención de que conciliara el sueño. Menos aún le agrada a la mamá que lo cojan en brazos sin consentimiento suyo y lo zarandeen un poco, que de tanto zarandeo al final el bebé medio se asusta y vomita la leche. Por favor, si el bebé está en su cunita o en su cochecito de paseo, no lo toquen que no es un muñequito.
En definitiva, desde mi propia experiencia, y por lo que otras mamás me han contado, puedo afirmar que, en muchos casos, lo peor del postparto no son las noches sin dormir, el dolor de la episiotomía o de los puntos de la cesárea, el estreñimiento y sus hemorroides correspondientes, los loquios, etc… (lo cual ya es bastante estresante), sino la negativa influencia que, a veces, ejercen los que rodean a la mamá y al bebé, quienes sin desearlo, hacen mucho mal y desesperan a la madre. Las mamás de hoy día son mujeres adultas que tienen capacidad para criar a su hijo y saber qué es lo que más le conviene a su hijo, pero también son vulnerables durante el posparto. Por eso, y porque la madre suele ser la gran olvidada en esos bonitos pero también duros días (para ella y para el bebé que se está adaptando), apoyen a la madre, respeten sus decisiones, mímenla, ofrézcanle su ayuda y no se ofendan si prefieren no disponer de la misma, sean comprensivos si no está de buen humor, entiendan que aunque agradezca las visitas prefiera estar con el bebé a solas, y no interfieran en dicho vínculo que es único, que se está desarrollando en ese momento también único, un momento que nunca volverá. Esfuércense por hacer todo aquello que haga feliz a la madre y disminuya su nivel de estrés. Seguro que el bebé aprecia esa felicidad en su madre. Ambos lo agradecerán para siempre y nunca lo olvidarán.