viernes, 22 de marzo de 2013

Las cigüeñas

No puedo evitar buscarlas. Las busco cada vez que salgo de paseo. Y es que me encantan las aves, en especial las cigüeñas. Me gusta verlas surcar el cielo con sus suaves alas blancas y negras, y su pico de color rojo llevando consigo ramitas para cuidar su nido. A veces me hago ilusiones pensando que ellas lo saben, y que, con su dulce crotoreo se comunican conmigo, como si pudiéramos enviarnos señales desde cualquier lugar del mundo. Sé que no tiene sentido pero por qué no imaginar lo imposible, me digo a mi misma. Como mi vida no la puedo concebir sin la compañía de los animales, desde hace tiempo estoy convencida de que puedo de algún modo leer sus pensamientos y que ellos intuyen que me esfuerzo por entenderles y por eso creo ver en ellos signos de agradecimiento, como un bebé al  que le reconforta saber que, pese a no poder hablar todavía, su llanto será entendido por sus padres. Por eso, siempre voy preparada para captar cualquier mensaje. Algo que me diga que se encuentran bien, como la típica conversación entre vecinos. Y una vez que ellas me contestan que todo marcha con normalidad, bajo mi mirada hacia la tierra y sigo caminando con la conciencia tranquila, como si necesitara una confirmación de que no he dejado de hacer algo por ellas que debía haber hecho. Y sé que es absurdo pero yo las sigo buscando, quizá porque las necesito, aunque ellas seguramente no sepan que existo y que cada día las busco.

sábado, 9 de marzo de 2013

El disfraz de la ambición



Hoy día, la palabra "ambición" está de moda. Conozco  a personas que han optado por un camino libre de ataduras sociales y profesionales y no las veo muy apenadas, supongo que al ser fruto de su libertad, disfrutan de esa decisión pese a las desventajas que pueda tener y las renuncias a que hayan tenido que hacer frente. De entre las personas que conozco que han preferido partir hacia horizontes más difíciles de alcanzar (al menos aparentemente), con el correspondiente precio que lleva aparejado, a la mayoría las veo, a mi juicio, demasiado estresadas, aunque también dicen ser felices por sus objetivos profesionales alcanzados. De cualquier forma, lo que se trata es de elegir aquello que nos pueda permitir ser felices, supongo que es algo que todos sabemos pero que en el fondo no es tan fácil de conseguir. Y si no es posible vivir como habríamos soñado, al menos exprimir al máximo las pequeñas cosas buenas que en nuestra vida diaria tenemos, algo también conocido por todos pero del mismo modo difícil de llevar a la práctica. Y supongo que todos deberíamos respetar esas formas de vida distintas de la nuestra, con independencia de que esté o no al alcance de nuestro entendimiento. Y lo más justo sería valorar otro tipo de cualidades que hacen que una persona sea feliz "a pesar de todo" o "precisamente por todo ello". Pues ya lo decía Coco Chanel: "Hay personas ricas y personas con dinero", eliminado el disfraz del vil metal, resta la persona sin nombres ni apellidos, ésa de la que a veces pretendemos alejarnos, cometiendo grandes errores. En el juicio que solemos hacer de la vida de los demás a menudo está la influencia de la envidia o de la pura ignorancia, salvo cuando de forma objetiva abrimos bien los ojos y descubrimos unas facetas y unas cualidades personales asombrosas. Y finalmente en los gestos descubrimos la realidad.

domingo, 3 de marzo de 2013

Héroes ficticios



"Tintín soy yo mismo. Se refleja lo mejor y más brillante en mí, él es mi doble. No soy un héroe. Pero al igual que todos los niños de 15 años, soñaba con ser uno ... y nunca he dejado de soñar. Tintín ha logrado muchas cosas en mi nombre”.(Hergé) 
 

Ha pasado mucho tiempo desde que leí (o más bien devoré) los cómics de Tintín pero todavía me acuerdo de todas las aventuras del intrépido periodista convertido en detective. Anoche, viendo la  película “Las aventuras de Tintín”, codirigida por Spielgberg y Peter Jackson, pensé en la bondad de creer en los héroes ficticios hoy día. Al fin y al cabo, todos necesitamos estar convencidos de que, al igual que Tintín, con coraje, inteligencia y algo de pericia, se puede hacer frente a todo tipo de adversidades.  Que nadie nos puede amargar un estupendo día y que, aunque todo esté en contra, podemos seguir desafiando nuevos retos. Y supongo que más de uno desearía tener su propio, inseparable y leal perro Milú, el más aventurero de todos los canes. Y cómo no, encontrarse por el camino con el Capitán Haddock, cuyas frustraciones trata de obviar mediante el alcohol. Y es que Hergé, padre de la criatura, debió de estar muy satisfecho por el hijo que engendró, pues ha permanecido incólume en nuestro recuerdo a medida que los mortales hemos ido  sumando años y heridas. Dicen que Hergé pensó en Spielgberg como el único director capaz de dar vida a su hijo predilecto en la gran pantalla. No sé si le habría gustado el resultado pero a mi me ha devuelto algo que por desgracia se va perdiendo con el paso de los años: la capacidad de imaginación y, sobre todo, el idealismo, que cuando acaba la niñez se convierte de forma inevitable en  realismo. Por eso me digo a mi misma: “¡Rayos y centellas! Y pensar que después de tantos años en el fondo sigo siendo la misma…”.